"Te haré entender, te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos." (Sal. 32:8)

lunes, 24 de septiembre de 2012

Creciendo







De una manera u otra, todos conocemos que la manera sana de avanzar en la vida es creciendo.

Solemos desear que los bebés permanezcan tal y como están, para así poder disfrutar más tiempo de ellos, pero en el fondo, si un bebé no creciera, nos preocuparíamos muy seriamente.

Tenemos que entender que la vida física es un reflejo de la vida espiritual, por lo tanto, si en la vida física se ha de crecer, en la espiritual también.

"... asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios." (Co. 2:19)

Investigando un poco la Palabra, podemos ver que hay diferentes tipos de crecimiento interno a nivel espiritual, pero hoy vamos a centrarnos en el personal, para desarrollar una visión más amplia de lo que debería ser un crecimiento interno sano.

"Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos..." (1Tes. 3:12a)

El primer factor en el que deberíamos estar creciendo constantemente, toda nuestra vida, es en el AMOR. Hace poco escuché que algo que Dios aborrece es la tolerancia. Ya sé que suena raro, pero Dios no nos llamó a "tolerarnos", Dios nos llamó a AMARNOS. No quiso que nos soportáramos unos a otros, quiso que nos AMÁSEMOS unos a otros como Él nos amó. Realmente hay una gran diferencia y aún así muchas veces nos confundimos, volviéndonos indiferentes hacia las personas, cuando el corazón de Dios apunta diametralmente hacia el lado opuesto. La indiferencia mata el amor. Es una estrategia del enemigo para no tener en cuenta a la otra persona, para no interesarse por ella. La indiferencia no reconoce la obra de Dios en los demás, no reconoce el valor de la otra persona.

Deberíamos repasar 1 de Corintios 13 más a menudo, y como dice mi madre, cambiar la palabra "amor" por cada uno de nuestros nombres, para comprobar qué lejos estamos de ser todo lo que se supone que debemos ser a la luz de la Palabra de Dios y meditar sobre ello.


Otro factor en el que deberíamos estar creciendo es en la FE.

"... sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros..." (2Co. 10:15b)

En otras entradas ya he comentado acerca del crecimiento progresivo de la fe. La fe es un poder divino que Dios nos otorga para ser capaces de cambiar nuestro entorno, influyendo en vidas, situaciones y cualquier cosa necesaria, siempre para beneficio del Reino de Dios y estando en Su voluntad.

Para poder desarrollar este don, simplemente hay que creer. El resto viene por revelación directa de Dios, por lo que os animo a pedir que Dios os aumente la fe, tal y como pidieron los apóstoles en Lucas 17:5, y Jesús les reveló que la fe es como la pequeña semilla de mostaza, pero tan poderosa que puede desarraigar un sicómoro y plantarlo en el mar, solo con decírselo. Ese tipo de fe viene por revelación, y la revelación viene por estar buscando a Dios y desear ferozmente todo lo que Él tiene para tu vida.


El siguiente punto de crecimiento que quiero comentar es la GRACIA. Como expliqué anteriormente, la gracia también debe desarrollarse, no como un regalo que ha de merecerse, sino entendiendo que es un estado.

"Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo ..." (2Pe. 3:18a) 

Opino que hemos desvirtuado el significado original de los adjetivos derivados de esta palabra. Cuando se dice que alguien es "gracioso", pensamos en una persona divertida, no en alguien que es capaz de llevar la bendición de Dios en paz y amor. Cuando se le llama a alguien "desgraciado", puede ser a modo peyorativo, lo que significa que esa persona es un sinvergüenza, o a modo de lástima, lo que querría decir que la persona en cuestión ha tenido muy mala suerte en la vida. Y cuando alguien es "agraciado", normalmente nos estamos refiriendo a su buen físico, no a su vida espiritual.

Comento todo esto porque debemos recalibrar el concepto de lo que significa la gracia a los ojos de Dios, para poder crecer correctamente en el significado completo de las Escrituras.

"Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación." (1Pe. 2:2)

El que necesitemos crecer para SALVACIÓN no es tema que se trate mucho en un mundo evangélico que defiende que la salvación es un regalo, no algo ganado por méritos propios (cosa que yo también comparto), pero que se limitan a visualizarlo como algo posterior a esta vida, sin darse cuenta de que la vida eterna comienza estando aquí.

Cuando en Efesios 6 describe la armadura espiritual, sitúa a la salvación como nuestro casco, que viene a ser lo que protege nuestra cabeza, nuestros pensamientos. Si somos capaces de pensar un poco y desarrollar el hilo conductor, podremos darnos cuenta de que nuestros pensamientos deben centrarse en la salvación para poder estar seguros. Ahora bien, ¿qué es la salvación? La salvación es un estado. Es pasar de vivir en oscuridad, a vivir en la luz (1Pe. 2:9). Es formar parte de la familia de Dios, de ese círculo íntimo con el que comparte su corazón, y es ahí donde debemos desarrollarnos y crecer. La salvación es saber que estamos sentados en lugares de autoridad junto con Cristo (Ef. 2:6).


Estos son algunos de los puntos bíblicos que nos obligan a examinarnos si estamos creciendo adecuadamente o no es estos aspectos. Es de vital importancia tener un crecimiento sano (porque todos sabemos que tenemos que crecer, pero muy pocos se preocupan de saber en qué tienen que crecer...). Medita en la Palabra, investiga, ora al respecto y crece.

Y hoy me despido con la salutación de Juan en su tercera carta:

"Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma." (3Jn. 2)

Que Dios te bendiga.