"Te haré entender, te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos." (Sal. 32:8)

viernes, 30 de septiembre de 2011

Cuando el desánimo ataca


“No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza” (Ne. 8:10)

Me considero una persona optimista. Dios me hizo así. Soy de las que normalmente ve el vaso medio lleno y creo que se nace o no se nace con ello. No es algo en lo que tenga que esforzarme, pero es algo que tengo que defender.

Estamos en guerra y el enemigo nunca juega limpio. Hay muchos factores que el diablo usa para tratar de detenernos: el miedo, la duda, el rencor y la lista sigue.

Mi criptonita siempre ha sido el desánimo.

No lo hago frecuentemente, pero cuando ocurre, veo mis fuerzas mermar. Son sentimientos y emociones, y está claro que no debemos dejarnos arrastrar por ellos, pero todos nos hemos encontrado en situaciones que, de primeras, nos han superado.

En mi dormitorio tengo una lámina que hice de una frase que me marcó: “El cristiano maduro no se guía por las emociones, sino por la verdad”. La tengo justo frente a mi cama y cuando la leo, recuerdo que la verdad es lo que nos hace libres. Que lo que nosotros podamos pensar, puede estar equivocado y que corremos el riesgo de dejarnos llevar por algo que no es cierto, que no es la verdad de Dios.

Para que eso no ocurra, tenemos que enfocar nuestro rumbo de pensamientos en la dirección correcta. Pensar en lo que Dios quiere:

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Fi. 4:8)

Nos encontraremos con multitud de conflictos en nuestra mente, peleándonos con nosotros mismos. Pero no tenemos que perder nuestro objetivo de vista. Dios sigue siendo nuestro faro en medio de la tempestad. No podemos pasar por alto todo lo que Él es, lo que Él ha hecho. Bajo ningún pretexto puedo dar rienda suelta a pensamientos negativos de desánimo, porque acabarían conmigo o me vería en una situación difícil de salir.

La risa son mis vitaminas. El gozo mi fuerza. Los pensamientos positivos mi salvavidas.



Para salir victoriosos de nuestras batallas mentales, debemos combatir con la verdad que conocemos. No olvidemos que nuestra espada es la Palabra de Dios. Por eso es importante conocer la verdad que en ella está escrita, apoderarnos de las promesas. Y humillarnos delante de Dios, que traducido es ser sincero y transparente con Él, reconociendo quiénes somos y dejándole obrar. Entonces, dice la Biblia, el diablo huirá de nosotros.

Que no nos engañen. Nuestra fe ha vencido al mundo.



miércoles, 28 de septiembre de 2011

El perdón

Esto es algo que escribí hace tiempo, pero que Dios ha querido traerlo a mi memoria hace poco y del que hay que echar mano más a menudo.







Cuando poco después de mi regreso a la iglesia, oí un comentario lleno de amargura en contra de mí, me dolió. Sentí rabia y un pensamiento de injusticia se apoderó de mí, pero fui a buscar el rostro de mi Padre. Había tomado la decisión y tenía tan claro en mi corazón que lo único que realmente resuelve los problemas era estar en la presencia de Dios, que en cuanto pude estar a solas, comencé a orar. Le di gracias a Dios por todo, porque Él es bueno y sabio, y pedí perdón por sentir ere sentimiento en contra de otra persona. Le dije lo mal que me había hecho sentir y el dolor que me producía, pero el Señor es fiel. Él me habló y pude sentir su maravilloso amor y su extraordinario perdón. Me dijo que Él era el único que podía juzgar y que me había perdonado, nadie podía condenarme, por lo tanto no debía preocuparme lo que otros dijeran de mí, sólo debía ocuparme de no apartar mis ojos de Él, buscándolo en constante oración.

¡Qué Dios tan maravilloso! En un momento supe en mi corazón que ninguna cosa creada podría separarme jamás del amor de Dios (Ro. 8:39), que Él me ama y que Jesús murió para darme libertad de pecados. Todo lo malo que yo he hecho, incluso lo que pueda hacer, están clavados con Cristo en la Cruz. Él ya cargó con mis faltas, nadie puede condenarme.

De lo único que tengo que estar atenta es de agradar a Dios y no mirar a los demás. Lo más importante es mi relación con el Señor. Solo me importa estar bien con Él haciendo Su voluntad.

También me dijo que su amor era para todos, que al igual que a mí me había perdonado, también lo había hecho con los demás. Si alguien me ofende o me hace daño, lo que tengo que hacer es llevarlo en oración a Su presencia. Los demás ya rendirán cuentas delante del Señor, eso no debería importarme, solo debo procurar que lo que yo haga, esté en Su voluntad y Su voluntad es que yo también perdone igual que Él nos perdonó.

No hay nadie que pueda acusarme y yo NO PUEDO acusar a nadie absolutamente de nada. No soy quién para hacer algo así. Yo también me he confundido y si creo que Dios perdona, sé que Dios perdona a todos.

¡Que Dios me libre de tener yo que juzgar! Porque la venganza y el juicio es mío (He. 10:30), dice el Señor.

Cuando uno se da cuenta de esto, solo puede sentir paz en su corazón. Ya no hay que preocuparse ni de culpas, ni de si sufrimos injusticias, Jesús cargó por todo eso, solo tenemos que disfrutar de esa libertad y liberar a otros de nuestro propio juicio.

Porque no hay justo, ni aún uno (Ro. 3:10).

El dolor que hayas podido sentir por lo que otra persona te haya hecho no es nada comparado con el amor de Dios. Si tienes falta de amor para perdonar, pídeselo a Él, tiene de sobra. Con tu perdón estarás glorificando a Dios, será un milagro para tu vida y entonces habrás aprendido y crecido, estarás haciendo Su voluntad en tu vida.

Sin embargo, cuando juzgas, llenas tu corazón de amargura. Hay que tener mucho cuidado con eso, la amargura puede ser realmente terrible. Crece como si fueran raíces y se va haciendo más y más profunda si no la tratamos a tiempo.

Puedes juzgar a una persona sin darte cuenta de ello, disfrazándolo de disgusto o malestar. Esto te puede llevar a intentar buscar una "segunda opinión" en alguna otra persona, esperando reafirmar los motivos que te llevan a sentir esa apatía hacia la persona que se ha portado mal contigo, de este modo vas sembrando un malestar general del que no podrás sacar ninguna bendición, muy por el contrario, haces daño a tu alrededor, con divisiones y murmuraciones. No permites que la voluntad de Dios se haga en tu vida, porque lo que estás haciendo, aunque no sea tu intención, es dar lugar al diablo, porque el enemigo se goza en todas estas cosas, cuando el inmenso amor de Dios es tomado en vano. Si no perdonas, tu corazón se contamina y se pudre, no hay ni paz, ni amor, ni bendición.

No hay que llegar a ese extremo, puede ser muy peligroso. En cuanto aparezca una sombra de malestar contra alguien, ponlo en oración. No permitas que te amargue. Si has recibido amor, da amor. Busca la presencia de Dios, que Su luz te ilumine y te dé paz en el corazón.

Debemos comprender que, por una razón u otra, el Señor nos ha puesto exactamente donde estamos. Todas las situaciones en las que nos veamos envueltos tienen un propósito, incluso cuando nos ofenden y maltratan, es nuestro deber conseguir dar la gloria a Dios en todas ellas.

Si alguien te ha ofendido, se ha portado mal o te ha dejado de lado, tienes que entender, primero, que se trata de un ser humano igual de imperfecto que tú, por el que Cristo también dio Su vida, amándolo y perdonándolo. Y segundo, algún día tendrá que rendir cuentas delante del Señor, exactamente igual que tú. Cuando llegue ese día, no podemos esperar estar delante del Señor y decir: "Es que esa persona no era buena, me hizo sufrir...". El Señor no te va a preguntar qué te han hecho los demás, sino qué has hecho tú al respecto.

En 1ª de Corintios 11:31, Pablo dice que si nos examinásemos a nosotros mismos, no seremos juzgados. Ocúpate de ti mismo, para que llegues a ser irreprensible delante de Dios.

Es muy fácil echarle la culpa a otro y pensar que tú no estarías mal si no fuera por esa otra persona. Lo difícil es reconocer que Dios ama muchísimo a esa persona, al igual que te ama a ti. Que Dios está haciendo un progreso en su vida, igual que lo hace contigo. Que todos hemos pecado. Que Jesús lo pagó por TODOS.

Si Dios ha perdonado a esa persona, no te creas más que Dios.

Si has dejado que la amargura encuentre un lugar en tu corazón donde poder echar raíces, deja que Dios se ocupe de eso. Humíllate delante del Señor, pide perdón, pide sabiduría y entendimiento, pídele que te llene de Su amor, incluso para tus enemigos. 

Dale gracias por todo lo que Él te ha dado, por Su amor que sobrepasa todo entendimiento, por su maravilloso perdón. Y sé sincero.

Confía en el Señor, es estupendo poder echar ese peso sobre Él.

Que el Señor te bendiga.





viernes, 23 de septiembre de 2011

TEORÍA Nº1: La conexión espiritual entre el cerebro y las drogas

Antes de comenzar, quiero aclarar que lo que escribo aquí, son mis ideas y que es posible que estén equivocadas. Si no estás de acuerdo con lo que escribo, pues tú mismo, puedes escribir un comentario abajo o puedes creer que le doy demasiadas vueltas a la cabeza. Sea como sea, sólo son teorías. 


TEORÍA Nº 1: La conexión espiritual entre el cerebro y las drogas




    




Creo que Dios creó al hombre perfecto. Al principio, cuando Dios creó a Adán, lo hizo con la utilización total de su cerebro (no es demostrable, por supuesto, pero tiene todo el sentido del mundo). Hoy en día, usamos como mucho un 10%, ¿por qué? ¿qué ha causado que el hombre disminuyera tantísimo el uso de su cerebro? Y otra pregunta interesantísima ¿qué podría hacer el hombre con el 100% de su cerebro activo?


Bueno, en mi opinión, creo que tiene mucho que ver con la percepción espiritual. Es posible que se pudieran comunicar con los animales (no nos olvidemos que hablaban con la serpiente. Ya sé que era Satanás, pero, a Eva no le asustó escucharla hablar). Y yendo un poco más allá, también creo en la posibilidad de que hubieran otro tipo de criaturas espirituales conviviendo con ellos en la tierra, de donde saldrían después todas las mitologías y cuentos fantásticos. Como ejemplo, podría citar la respuesta que Caín le dio a Dios cuando éste lo desterró al matar a su hermano, "sucederá que cualquiera que me hallare, me matará" (Gn. 4:14b). Y fue cuando Dios le marcó el rostro. ¿A quién tenía miedo Caín? También es importante recordar, que incluso los ángeles venían a echar un vistazo por la tierra (Gn. 6:2) y que la raza de los gigantes también existió (Gn. 6:4).


El punto es que, con la utilización del 100% del cerebro, el mundo espiritual era más vívido.


Ahora bien, si hoy en día tenemos su utilización restringida, obviamente se debe a que Dios nos cerró esa puerta, igual que cerró el jardín del Edén. La infección del pecado, trajo la muerte a las tres áreas de nuestra persona: cuerpo, alma (mente) y espíritu.


El problema, es que el hombre ha conseguido por medio de drogas, estimular ciertas partes del cerebro que estaban cerradas. Sabemos que muchas de esas drogas o medicamentos son beneficiosas para la salud, pero hay una gran cantidad que son totalmente dañinas, sobre todo las que todos conocemos, como: la cocaína, el LSD, las pastillas, o cualquier tipo de droga de diseño que haya salido nueva al mercado. 


Creo que el mandar estímulos eléctricos a ciertas partes de nuestro cerebro puede ser contraproducente. Es más, creo que pueden abrir puertas espirituales, que si Dios ha cerrado, desde luego, el que va a sacar mayor provecho, va a ser Satanás.


Siguiendo el hilo de deducción, enfermedades como la esquizofrenia causada por el consumo de estupefacientes, creo que tienen un trasfondo espiritual. Los esquizofrénicos viven como en una realidad paralela, donde ven y oyen cosas que el diablo puede utilizar para sus propios intereses. Son enfermedades que no tienen curación y que para contrarrestar sus efectos, deben permanecer medicándose toda la vida.


Resumiendo: las drogas abren puertas espirituales que Satanás aprovecha (ya que las abrimos voluntariamente) para atarnos. La única manera de solucionarlo, empezando por dejar de consumirlas, es que Dios obre un milagro y haga una sanidad completa: cuerpo, alma y espíritu.


"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertar a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos." (Lc. 4:18; Is.61:1)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Personas trinas

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, ESPIRITU, ALMA y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1Tes. 5:23)


Fuimos creados trinos, porque cuando Dios dijo "hagamos al hombre (y a la mujer) a nuestra imagen y semejanza", lógicamente no se refería a que seríamos clones suyos, sino que su misma esencia estaría en nosotros.


Nosotros los cristianos creemos en la trinidad (aunque esta palabra específicamente no aparezca en la Biblia). Juan en su primera carta dice: "Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno." (1Jn. 5:7)


En la primera carta a los corintios capítulo doce, cuando Pablo explica acerca de los dones espirituales, podemos ver con claridad cómo Dios al completo actúa en la vida del cristiano como un equipo bien entrenado. Cada uno tiene su función en nosotros para que nuestra vida tenga significado: identidad y destino.


Este es un tema bastante amplio y muy denso que me llevaría tiempo explicarlo como conviene, pero en lo que me quería centrar hoy es en las tres áreas en las que nos movemos diariamente y en sus necesidades.


Todos sabemos que nuestro cuerpo ocupa gran parte de nuestro tiempo. Tenemos necesidades físicas que son importantes no omitir, como cuando nos pide alimento, descanso o abrigo.


En el alma están incluídas nuestras necesidades emocionales e intelectuales. Y está demás decir que todos necesitamos cariño y estimular nuestro cerebro.


Estas dos partes las tenemos, por lo general, ubicadas correctamente. La que más nos cuesta ver, es nuestra parte espiritual y lo que debemos hacer con ella. Sin embargo, dejadme puntualizar, es la parte que permanecerá después que todo lo demás haya pasado.


Esta verdad es de lógica deductiva sencilla: las cosas eternas son las espirituales.

"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará." (1Co. 3:11-13) 


Esta escritura puede tener muchos matices interpretativos, pero siguiendo el camino marcado hasta aquí, enfatizar la importancia de que lo que construyamos en el espíritu, será de vital importancia para nuestro futuro eterno.


Sé que no es fácil tener un balance equilibrado en nuestra personalidad trina, pero lo que no debemos hacer en ningún caso, es dejar que nuestro lado espiritual se vea raquítico y sin fuerza, mientras perseguimos el "sentirnos realizados como persona", o cualquier otra de las excusas que utilicemos para apartarnos de lo que debería ser nuestro principal objetivo: llegar a la estatura de Cristo (Ef. 4:13).


Un ejemplo práctico es el ayuno. El ayuno no sirve para bajar unos cuantos kilos y de paso oras. El verdadero motivo del ayuno, es anular una de nuestras tres partes, la física, para que la espiritual coja más fuerza y nuestras oraciones estén mejor enfocadas.


En nuestra vida práctica, damos mucha importancia a las emociones y en demasiadas ocasiones dejamos que ellas sean las que nos gobiernen y tomen las decisiones. 


No quiero espiritualizarlos todo, porque sé que vivimos en este mundo y que incluso Jesús cuando oró, pidió que nos guardase del mal, pero que no nos quitase de aquí. Lo que digo es que debemos estar alertas y examinar cómo llevamos nuestro equilibrio interno. Desde luego, lo primero que tenemos que hacer es aprender a diferenciar las cosas espirituales, de las que no son y darles la prioridad que merecen.


Es posible vivir en el espíritu sin ser un religioso, pero que no te puedan los sentimientos si las cosas no salen como te gustarían, ninguno seremos perfecto hasta que Jesús regrese y nos transforme.







miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Aparente o verdadero?

“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos,… No me traigáis más vana ofrenda.” (Is. 1:11a,13a)

Dios está cansado de la hipocresía y de toda la apariencia del hombre. ¿Acaso el hombre cree que puede engañar a Dios? Él mira los corazones, ve en lo profundo. Si creemos que lo que nosotros escondemos, pasará inadvertido, somos los seres más miserables del mundo, porque nos engañamos a nosotros mismos.

Dios lleva buscando corazones dispuestos desde que tuvo la idea de crear al hombre. Personas verdaderas, honestas, que le busquen sinceramente. ¡Hay tantas promesas para aquellos que de verdad buscan a Dios con un corazón abierto!

Pero no nos hagamos falsas ideas, ser honesto con uno mismo no es fácil. Preferimos decirnos a nosotros mismos que “todo nos da igual”, para evitar sentirnos heridos, que reconocer que somos frágiles y nos pueden hacer daño.

El hombre tiene ese instinto de sobrevivencia, que a veces le hace más animal que humano. Se guía por impulsos, en lugar de ir y preguntar a Dios. Luego queremos arreglarlo haciendo las cosas correctas que hay que hacer para ser aceptado como un cristiano promedio, pero Dios vuelve a decir, igual que dijo a su pueblo de entonces: “¿Por qué queréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.” (Is. 1:5)

Debemos comenzar por admitir que necesitamos una sanidad completa y total. Que abarque nuestros sentimientos heridos, que traiga perdón y libertad. Y que solo puede hacerlo Dios.

Toma tiempo con Dios a solas. Si es necesario, ayuna, pero no lo dejes pasar. Dios valora un corazón sincero, por sobre otras cosas. Pídele que te ayude a ser verdadero, como Él quiere que seas, y que te muestre esas partes de tu vida que necesitan restauración.

Ese sería un buen comienzo.