"Te haré entender, te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos." (Sal. 32:8)

viernes, 18 de noviembre de 2011

BUENA CONCIENCIA

Creo que en nuestra jerga evangélica, la palabra conciencia no se usa muy a menudo, tal vez porque se asocia al catolicismo. De hecho, creo que está en vías de extinción a un nivel incluso más general. 

No hace tanto tiempo, la idea de la conciencia, se representaba por un angelito diminuto plantado en nuestro hombro, que nos indicaba qué era lo correcto para hacer. Eso quedó también bien explicado con Pepito Grillo en Pinocchio. 

Sea o no una persona física, animal o espiritual, lo cierto es que hemos dejado de prestar atención a lo que nos dice esa voz interior. La sociedad actual, es una sociedad sin conciencia.

Hoy, leyendo 1ª de Timoteo, me llamaba la atención que Pablo diera énfasis en eso, repitiéndolo, creando un vínculo entre la buena conciencia, y el amor y la fe.

"Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería." 1ª Timoteo 1:5,6. 

 "Manteniendo la fe y la buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos". 1ª Timoteo 1:19

Para que el término conciencia no se nos quede ambiguo o abstracto, he buscado su significado en la RAE, para tener un conocimiento más global y específico:


1. f. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.

2. f. Conocimiento interior del bien y del mal.

3. f. Conocimiento reflexivo de las cosas.

4. f. Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto.

5. f. Psicol. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.



En base a estas definiciones y aplicándolo a lo leído en la Palabra, lo que Pablo estaba indicando a Timoteo es la necesidad de examinarse, de meditar en todo lo que hacemos, siendo honestos en nuestro amor y consecuentes en nuestra fe. Es más, dice que de no hacerlo, nos bloqueamos y nos desviamos.

Debo recalcar, que ese auto examen es un acto personal e introspectivo. La conciencia nunca señala fuera de uno mismo. Por este hecho, muchos han optado por silenciarla y apuntar con un dedo acusador a algún culpable externo para evitar la responsabilidad de sus propios actos.

Ahora bien, la pregunta que a este punto algunos se harán, es cómo saber entonces qué es lo correcto y qué no. Bueno, primero decir, que quien se haga tal pregunta, no está teniendo una relación personal con Dios. Hay cosas que van dirigidas sólo a los que son capaces de digerirlas:

"Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal." Hebreos 5:14

Hay que ejercitar los sentidos para saber distinguir el bien del mal. Naturalmente necesitamos un baremo sobre el que evaluarnos. Para los cristianos, ese metro por el que nos medimos es la Palabra de Dios, la Biblia. Si no conoces ni estudias la Biblia,  tendrás un dios hecho a tu imagen y semejanza, una religión a la medida que tú establezcas, pero no será el Dios de las Escrituras.

Dios dice en su Palabra, que escribiría su ley en nuestra mente y en nuestros corazones. Que él mismo nos enseñaría. Que quien es hijo de Dios, es guiado por su Espíritu Santo. Que quien busca, halla. Quien pide, recibe y a quien llama, se le abrirá.

Si de verdad queremos hacer la voluntad de Dios, tenemos que pararnos y escuchar esa voz interior. Ser honestos con nosotros mismos y adecuarnos a la Palabra. En humildad.

Debemos volver a descubrir la buena conciencia.

"Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia." Salmos 16:7

jueves, 27 de octubre de 2011

Opina menos y haz más

Esta es una parte de un estudio que he leído del pastor Luis Rodas hablando acerca de los que tienen opiniones y teorías para todo y ni siquiera han cogido el arado para trabajar.



Estamos bien.

Hace poco un hermano enseñaba sobre la historia de David y Goliat. Cuando comenzó a leer el encuentro de David con sus hermanos en el campo de batalla vi algo que antes no me había dado cuenta.
David estaba muy tranquilo cuidando ovejas, pero Isaí, su padre, le mandó que vaya al campo de batalla para llevarle provisión a sus hermanos y ver cómo estaban (1 Samuel 17:17,18). Cuando llega David al lugar donde supuestamente se estaba librando la guerra, se lleva una gran sorpresa: nadie estaba peleando ninguna guerra. Un gigante llamado Goliat aparecía día tras día delante del campamento de Israel diciendo: “Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis” (1 Samuel 17:8,9). Esto lo había hecho por 40 días, y nadie hacía nada. Incluidos, por supuesto, los hermanos de David. Todos miraban asustados como este gigantón se burlaba de ellos.
Tal vez esperarían que en el trayecto, una de esas mañanas, al ir al encuentro del campamento de Israel, se tropiece descuidadamente y al caer se rompa la cabeza con una piedra. Quizás lo vieron poco vestido y pensarían en la posibilidad de que agarre frío y una pulmonía repentina lo saque fuera de combate. Hasta podemos imaginar a todo Israel orando con voz temblorosa: “Señor haz algo. Señor haz algo”.
En el transcurso de todo aquello encuentra por fin David a sus hermanos y cumpliendo con el mandato de su padre, dice 1 Samuel 17:22 que “preguntó por sus hermanos, si estaban bien”. Mas,  ¿y cómo van a estar? Obviamente bien: ¡si no habían hecho nada!. Su tarea era estar peleando las batallas del Señor pero en su lugar estaban bien escondiditos esperando que un viento frío soplara sobre Goliat. La pregunta estaba un poco de más ¿no? Sin duda ellos estaban bien, sanos y salvos…. y de seguro hasta descansaditos. No habían hecho nada.

¿Y? ¿Fue difícil?

Esto me hace recordar una historia que escuché hace muchos años.
Un hombre estaba evangelizando en un pueblo y comenzó a predicarle a un joven. Éste escuchó el evangelio y decidió seguir a Cristo. Cuando el hombre le preguntó a qué se dedicaba, el joven respondió que trabajaba en las minas. El evangelista le dijo: “Uh, quiero advertirte algo. Los mineros de este lugar son hombres duros. De seguro, cuando se enteren de que ahora eres cristiano, se van a burlar de ti y hasta es posible que tengas problemas con ellos”. El joven le agradeció mucho y se fue a trabajar. A los meses el hombre estaba evangelizando nuevamente en ese pueblo y de pronto se encontró otra vez con el joven minero que había entregado su vida a Cristo. En cuanto se vieron, el joven comenzó a contarle como su vida había cambiado. El evangelista se alegró mucho. Y luego éste le preguntó: “¿y fue difícil vivir tu fe entre los mineros? ¿Se burlaron? ¿Se pusieron violentos contigo?”. A lo que el joven minero respondió con mucha alegría: “No, no, estoy muy bien ¡ni se dieron cuenta de que soy cristiano!”.

Soberbia y la malicia de tu corazón

Igual con los hermanos de David. Ellos estaban perfectamente bien. No habían hecho nada. Pero,  he aquí algo más que interesante: Luego de preguntarle a sus hermanos cómo están, David dice: ” ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1 Samuel 17:26). Él, aunque apenas es un jovencito, decide ir a pelear contra este filisteo. Y a los hermanos, al darse cuenta de esto, de pronto ¡les viene un precioso ‘celo santo’! Ellos no habían hecho absolutamente nada. Pero eso sí: para criticar con todo fervor, nadie como ellos. Y le dicen a David: “¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido” (1 Samuel 17:28).
¡De pronto los hermanos de David eran expertos en reclamar responsabilidad al joven y hasta podría parecer que tienen don de discernimiento!
Cómo termina la historia, ya lo sabes. David no tenía tiempo para opiniones. Él les responde: “¿no es esto, mero hablar?” (1 Samuel 17:28). En vez de iniciar un debate por internet sobre opiniones, simplemente fue, le cortó la cabeza al gigante, con su ejemplo les dijo: “así se hace”, y se volvió a su casa.
Hermano: todo eso que dices que la Iglesia debe hacer, sal y hazlo. Ve a los hospitales, predica el evangelio, entrega tu vida, pon en práctica lo que crees que se debe hacer, ejerce tu ministerio, ama a los imposibles de amar, sé integro, toma responsabilidades, experimenta lo que es que en la intensidad de la batalla las fuerzas desaparezcan. Lo que sea que hayas demandado a los demás, sal y hazlo. ¿Cometerás errores? Sí, sí, seguro que muchos pero:
a) Así se aprende.
b) Ahí te darás cuenta por qué razón otros cometen errores: porque no solo opinaronsobre lo que los demás deberían hacer.
Hermano: enséñanos con tu ejemplo como David.


miércoles, 26 de octubre de 2011

La confrontación

"Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (Mateo 5:23,24)


Tengo que reconocer que este versículo lo tenía memorizado de una forma totalmente diferente. Creía que si yo iba delante de Dios teniendo algo contra alguien, tenía que ir primero a arreglarlo con la persona y después presentarme delante de Dios. Cuando aquí dice claramente que si ALGUIEN TIENE ALGO CONTRA MI,  vaya e intente arreglarlo. Entendiéndolo de esta manera, se me despejan varias incógnitas:

1.- ¿Qué pasa cuando soy YO quien tiene algo contra otra persona? La respuesta es que lo dejes en el altar. Creo que confrontar a las personas es correcto, pero el motivo debe ser también el correcto. No podemos ir a las personas y soltarles todo lo que tenemos en contra de ellas pretendiendo quedarnos más tranquilos. Eso NO edifica. Al contrario, se levantan muros.

"Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego." (Mateo 5:22)


Jesús nos lo deja bien clarito. Tenemos que saber manejar nuestros enfados.

Hace poquito me enfadé y aunque en un principio había decidido no decir nada hasta llegar delante de Dios para que Él me trajera paz, solté todo lo que se me pasaba por la cabeza ahí mismo, antes de haberlo podido solucionar con el Señor. El resultado fue un desastre. Hubo gente herida por mi culpa y se tardó casi un mes en volver más o menos a la normalidad. Aún hoy creo que hay cosas por solucionar. Esto me enseñó que mis problemas los debo llevar primero a Dios y permanecer ahí hasta que haya sido capaz de dejarlos completamente a sus pies y no recogerlos cuando me levante. Tomar el tiempo necesario, orar, ayunar si es preciso, pero no parar hasta solucionarlo con Dios. Y perdonar, declarar en voz alta que perdonas a las personas que te hacen daño y tomar esa decisión con Dios a tu lado, eso hace que sea efectivo.

La perspectiva correcta es: Jesús es quien defiende mis causas.

Se lo enseñaba el domingo a los niños en la escuelita dominical. Lo que nos diferencia de las personas que no conocen a Dios es que, si nos ocurre algo, nosotros confiamos en Dios, en lugar de quejarnos. Confiamos en que las cosas nos ayudan a bien, como dice la Biblia y no buscamos ni el sentirnos mejor, ni hacer justicia por nosotros mismos. Buscamos la presencia del Señor y ahí abrimos nuestro corazón, para que él ponga en orden nuestro caos.

No olvidemos que el cristianismo es una relación personal. Se trata de cada uno de nosotros y Dios, de como actuamos individualmente. El resto de las personas no son nuestra responsabilidad (exceptuando a los hijos), nuestros problemas nos los comemos nosotros solitos, sin salpicar a nadie, y Dios. Y hasta que no aprendamos a entrar en el reposo, en la presencia de Dios y descansar, lo estaremos haciendo mal.





2.- La confrontación. Se usa ese término para ir delante de alguien y exponer algunos hechos que puedan ayudar a la mutua comprensión, para arreglar un posible malentendido o mostrar a una persona cercana, algún error en el que esté incurriendo. En todo tiempo tiene que ser en amor y nunca para echar cosas en cara. Teniendo en claro, que si no va a haber una edificación, no tiene sentido la confrontación.

"Y conocerás la verdad, y la verdad te hará libre" (Juan 8:32)


Creo firmemente en la importancia de ser una persona transparente. De que lo que se muestre, sea lo que realmente se lleva dentro, o como se suele decir: lo que se ve, es lo que hay. Esas son las personas hacia las que estoy inclinada a confiar. 

En el tema de arreglar las cosas con alguien, también existen las pautas. La Biblia dice que:

"Con misericordia y verdad se corrige el pecado" (Pr.16:6a)


Y también:

"Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado." (Gálatas 6:1) 

En estos versículos podemos ver:

1º- Que conocer la verdad, no nuestra versión, sino la verdad que Dios nos puede revelar sobre cualquier asunto que le consultemos, esa verdad, nos libera.

En el caso de una falta, la verdad viene a ser como el agua que limpia y desinfecta.

2º- Que nuestra disposición siempre debe ser la de amar y perdonar, eso significa tener misericordia.

En el caso de la falta, la misericordia viene a ser la pomada que se da en la herida. Una vez que la herida está limpia por la verdad, la misericordia es el tratamiento que se debe repetir,  una y otra vez, hasta que esté completamente sanada.

Verdad y misericordia. La verdad limpia y desinfecta, y la misericordia cicatriza.

Esas deben ser nuestras pautas de actuación a la hora de ir a confrontar a una persona.




viernes, 21 de octubre de 2011

¿Esclavos o libres?

Ayer escuché una historia que ya había oído antes y me hizo recapacitar.

Bueno, más que una historia, es la explicación de cómo se doma a un elefante.

Cuando el elefante es pequeño, se le pone una cadena atada a la pata. El elefantito intenta escapar tirando de ella, pero no puede. Cuando llega a adulto, ya se ha dado por vencido, así que le quitan la cadena y simplemente lo atan con una cuerdita. Podría dar un tirón y salir corriendo cuando quisiera, pero en su cabeza algo le dice que es imposible. Se ha rendido, ya no lucha más.


                          



Recapacité sobre esto y vi que muchos cristianos vivimos así.

Una persona que ha aceptado a Cristo en su corazón, que le ha puesto como Señor en su vida, debe reconocer que hay un antes y un después de esa decisión. Si su manera de vivir sigue siendo la misma, entonces quiere decir que Dios no ha hecho ningún cambio, no ya porque no quiera hacerlo, sino porque seguramente, no se le ha permitido hacerlo.

Por otro lado, cada persona que se acerca a Dios, trae consigo un equipaje del que debe desprenderse: malos hábitos, conceptos erróneos, aspectos del carácter que no se corresponden con el corazón de Dios...  Hay mucho trabajo que hacer y el proceso dura toda la vida. Sin embargo, no debemos olvidar las bases fundamentales para llevar todo esto a cabo.

1- Dios nos ha cambiado de ubicación:

"El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo." (Co.1:13)

Ya no estamos bajo el poder de Satanás o de este mundo. Ahora formamos parte de la familia de Dios y de todo el paquete que eso conlleva: las promesas, la bendición, la victoria..., y un largo etcétera que viene incluido como consecuencia de nuestra fe.

No obstante, el diablo, al que la Escritura llama "padre de mentira", sigue intentando hacernos creer que seguimos atados, igual que el pequeño elefante. E igual que él, muchas veces estamos derrotados, antes incluso de comenzar la batalla.

Tenemos la capacidad, tenemos las herramientas, lo único que tiene que cambiar es nuestra mente, nuestra forma de pensar, y enfocarnos en lo que Dios dice al respecto.

2- Los milagros son cosa de Dios:

"Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fi.2:13)

Los cambios en nuestra vida es fruto de poner la fe en Cristo, de pasar tiempo con Dios a solas y desear de verdad agradarle con todo lo que somos.

El ser humano no fue creado para ser un robot y obedecer órdenes, sino que tiene voluntad propia y puede elegir libremente. Aún así, el desconocimiento nunca nos exime de las consecuencias. Puedes beberte un vaso de lejía pensando que es un zumo y el no haberlo sabido, no te va a librar de una úlcera (en el mejor de los casos). De igual modo, el elegir correctamente, puede salvarnos la vida y la eternidad.

Nuestra "tarea" simplemente consiste en poner la fe en el lugar adecuado, o mejor dicho, en la persona adecuada: Dios. El resto es cosa suya. Es la actitud de nuestro corazón la que determina hacia dónde queremos caminar, pero el Señor es quien nos coge de la mano y nos guía.

Dios llegará en tu vida, hasta donde tú quieras que llegue. No limites a Dios. No te quedes atado a algo porque crees que no puedes salir. Dios te ha hecho libre.

sábado, 8 de octubre de 2011

El otro lado de la Gracia

Esta última semana, el Señor me ha estado llevando a examinar más detenidamente lo que está escrito en la Biblia acerca de la gracia.

Ya sé que todos los que nos consideramos cristianos, tenemos un concepto más o menos enfocado hacia el significado general de la gracia de Dios, proyectándolo hacia el despliegue de amor, misericordia y perdón que el Señor tiene hacia la humanidad, sin ésta merecerlo. No obstante, me he visto intrigada a buscar un poco más profundamente y este es el resultado.

"Pero por la GRACIA de Dios soy lo que soy; y su GRACIA no ha sido en vano para conmigo,  antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la GRACIA de Dios para conmigo." (1Co. 15:10)

Antes que nada, quiero hacer la observación de que la gracia no es algo humano, es algo divino, por lo menos la gracia de la que quiero hablar. Este tipo de gracia tiene mucho más que ver con un beneficio espiritual que Dios atribuye a sus hijos, que con un regalo de perdón y amor.

Hay unos cuantos versículos que me llaman mucho la atención.

" Y me ha dicho: bástate mi GRACIA; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." (2Co. 12:9)

"Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la GRACIA que es en Cristo Jesús." (2Ti. 2:1)

"Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la GRACIA de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados." (He. 12:15)

"Antes bien, creced en la GRACIA y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo." (2Pe. 3:18) 

Todos estos versículos vienen a decir: la GRACIA es suficiente, esfuérzate, no dejes de alcanzarla y crece en ella.



Tal y como yo la entiendo, la gracia puede ser un nivel espiritual. Es decir, no que haya que ganársela o que por méritos propios podamos alcanzarla, pero sí algo parecido a lo que ocurre con la fe. Creo que es algo que debe desarrollarse.

Nosotros los cristianos hemos asumido que hay que crecer en la fe y que la gracia es el regalo inmerecido de salvación de parte de Dios. Sin embargo, yo opino que tanto la gracia como la fe, son estados espirituales en los que debemos vivir y ejercitar. 

Vivir en el espíritu debe significar que tenemos que ser sensibles al mundo espiritual que nos rodea. Y como hijos de Dios, deberíamos llevar adheridos a nuestra identidad el poder de la fe y el poder de la gracia. 

No sé si me estoy explicando bien, tal vez esto no sea para todos, pero voy a intentar hablar más claro.

Los cristianos, como hijos de Dios, tenemos el deber de ser agentes de cambio, personas que lleven el reino de Dios por donde vayamos y ser de bendición. Para que esto ocurra, nuestra relación con Dios debe estar bien fuerte y firme, y el estar en la presencia de Dios debe repercutir en nuestra vida, mostrando Su poder.

Bien, pues la fe es el poder para cambiar nuestro entorno según la voluntad de Dios y la gracia es el poder para transformar cualquier situación en bendición. 

Nosotros debemos ser portadores de ese tipo de gracia y proyectarla hacia las personas, las circunstancias y a nuestro vivir diario.

En 1 Pedro 4:10 dice que somos administradores de la gracia. Es una responsabilidad. Es nuestro deber y privilegio. Es lo que Jesús decía al proclamar que el reino de Dios se ha acercado a los hombres.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Cuando el desánimo ataca


“No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza” (Ne. 8:10)

Me considero una persona optimista. Dios me hizo así. Soy de las que normalmente ve el vaso medio lleno y creo que se nace o no se nace con ello. No es algo en lo que tenga que esforzarme, pero es algo que tengo que defender.

Estamos en guerra y el enemigo nunca juega limpio. Hay muchos factores que el diablo usa para tratar de detenernos: el miedo, la duda, el rencor y la lista sigue.

Mi criptonita siempre ha sido el desánimo.

No lo hago frecuentemente, pero cuando ocurre, veo mis fuerzas mermar. Son sentimientos y emociones, y está claro que no debemos dejarnos arrastrar por ellos, pero todos nos hemos encontrado en situaciones que, de primeras, nos han superado.

En mi dormitorio tengo una lámina que hice de una frase que me marcó: “El cristiano maduro no se guía por las emociones, sino por la verdad”. La tengo justo frente a mi cama y cuando la leo, recuerdo que la verdad es lo que nos hace libres. Que lo que nosotros podamos pensar, puede estar equivocado y que corremos el riesgo de dejarnos llevar por algo que no es cierto, que no es la verdad de Dios.

Para que eso no ocurra, tenemos que enfocar nuestro rumbo de pensamientos en la dirección correcta. Pensar en lo que Dios quiere:

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Fi. 4:8)

Nos encontraremos con multitud de conflictos en nuestra mente, peleándonos con nosotros mismos. Pero no tenemos que perder nuestro objetivo de vista. Dios sigue siendo nuestro faro en medio de la tempestad. No podemos pasar por alto todo lo que Él es, lo que Él ha hecho. Bajo ningún pretexto puedo dar rienda suelta a pensamientos negativos de desánimo, porque acabarían conmigo o me vería en una situación difícil de salir.

La risa son mis vitaminas. El gozo mi fuerza. Los pensamientos positivos mi salvavidas.



Para salir victoriosos de nuestras batallas mentales, debemos combatir con la verdad que conocemos. No olvidemos que nuestra espada es la Palabra de Dios. Por eso es importante conocer la verdad que en ella está escrita, apoderarnos de las promesas. Y humillarnos delante de Dios, que traducido es ser sincero y transparente con Él, reconociendo quiénes somos y dejándole obrar. Entonces, dice la Biblia, el diablo huirá de nosotros.

Que no nos engañen. Nuestra fe ha vencido al mundo.



miércoles, 28 de septiembre de 2011

El perdón

Esto es algo que escribí hace tiempo, pero que Dios ha querido traerlo a mi memoria hace poco y del que hay que echar mano más a menudo.







Cuando poco después de mi regreso a la iglesia, oí un comentario lleno de amargura en contra de mí, me dolió. Sentí rabia y un pensamiento de injusticia se apoderó de mí, pero fui a buscar el rostro de mi Padre. Había tomado la decisión y tenía tan claro en mi corazón que lo único que realmente resuelve los problemas era estar en la presencia de Dios, que en cuanto pude estar a solas, comencé a orar. Le di gracias a Dios por todo, porque Él es bueno y sabio, y pedí perdón por sentir ere sentimiento en contra de otra persona. Le dije lo mal que me había hecho sentir y el dolor que me producía, pero el Señor es fiel. Él me habló y pude sentir su maravilloso amor y su extraordinario perdón. Me dijo que Él era el único que podía juzgar y que me había perdonado, nadie podía condenarme, por lo tanto no debía preocuparme lo que otros dijeran de mí, sólo debía ocuparme de no apartar mis ojos de Él, buscándolo en constante oración.

¡Qué Dios tan maravilloso! En un momento supe en mi corazón que ninguna cosa creada podría separarme jamás del amor de Dios (Ro. 8:39), que Él me ama y que Jesús murió para darme libertad de pecados. Todo lo malo que yo he hecho, incluso lo que pueda hacer, están clavados con Cristo en la Cruz. Él ya cargó con mis faltas, nadie puede condenarme.

De lo único que tengo que estar atenta es de agradar a Dios y no mirar a los demás. Lo más importante es mi relación con el Señor. Solo me importa estar bien con Él haciendo Su voluntad.

También me dijo que su amor era para todos, que al igual que a mí me había perdonado, también lo había hecho con los demás. Si alguien me ofende o me hace daño, lo que tengo que hacer es llevarlo en oración a Su presencia. Los demás ya rendirán cuentas delante del Señor, eso no debería importarme, solo debo procurar que lo que yo haga, esté en Su voluntad y Su voluntad es que yo también perdone igual que Él nos perdonó.

No hay nadie que pueda acusarme y yo NO PUEDO acusar a nadie absolutamente de nada. No soy quién para hacer algo así. Yo también me he confundido y si creo que Dios perdona, sé que Dios perdona a todos.

¡Que Dios me libre de tener yo que juzgar! Porque la venganza y el juicio es mío (He. 10:30), dice el Señor.

Cuando uno se da cuenta de esto, solo puede sentir paz en su corazón. Ya no hay que preocuparse ni de culpas, ni de si sufrimos injusticias, Jesús cargó por todo eso, solo tenemos que disfrutar de esa libertad y liberar a otros de nuestro propio juicio.

Porque no hay justo, ni aún uno (Ro. 3:10).

El dolor que hayas podido sentir por lo que otra persona te haya hecho no es nada comparado con el amor de Dios. Si tienes falta de amor para perdonar, pídeselo a Él, tiene de sobra. Con tu perdón estarás glorificando a Dios, será un milagro para tu vida y entonces habrás aprendido y crecido, estarás haciendo Su voluntad en tu vida.

Sin embargo, cuando juzgas, llenas tu corazón de amargura. Hay que tener mucho cuidado con eso, la amargura puede ser realmente terrible. Crece como si fueran raíces y se va haciendo más y más profunda si no la tratamos a tiempo.

Puedes juzgar a una persona sin darte cuenta de ello, disfrazándolo de disgusto o malestar. Esto te puede llevar a intentar buscar una "segunda opinión" en alguna otra persona, esperando reafirmar los motivos que te llevan a sentir esa apatía hacia la persona que se ha portado mal contigo, de este modo vas sembrando un malestar general del que no podrás sacar ninguna bendición, muy por el contrario, haces daño a tu alrededor, con divisiones y murmuraciones. No permites que la voluntad de Dios se haga en tu vida, porque lo que estás haciendo, aunque no sea tu intención, es dar lugar al diablo, porque el enemigo se goza en todas estas cosas, cuando el inmenso amor de Dios es tomado en vano. Si no perdonas, tu corazón se contamina y se pudre, no hay ni paz, ni amor, ni bendición.

No hay que llegar a ese extremo, puede ser muy peligroso. En cuanto aparezca una sombra de malestar contra alguien, ponlo en oración. No permitas que te amargue. Si has recibido amor, da amor. Busca la presencia de Dios, que Su luz te ilumine y te dé paz en el corazón.

Debemos comprender que, por una razón u otra, el Señor nos ha puesto exactamente donde estamos. Todas las situaciones en las que nos veamos envueltos tienen un propósito, incluso cuando nos ofenden y maltratan, es nuestro deber conseguir dar la gloria a Dios en todas ellas.

Si alguien te ha ofendido, se ha portado mal o te ha dejado de lado, tienes que entender, primero, que se trata de un ser humano igual de imperfecto que tú, por el que Cristo también dio Su vida, amándolo y perdonándolo. Y segundo, algún día tendrá que rendir cuentas delante del Señor, exactamente igual que tú. Cuando llegue ese día, no podemos esperar estar delante del Señor y decir: "Es que esa persona no era buena, me hizo sufrir...". El Señor no te va a preguntar qué te han hecho los demás, sino qué has hecho tú al respecto.

En 1ª de Corintios 11:31, Pablo dice que si nos examinásemos a nosotros mismos, no seremos juzgados. Ocúpate de ti mismo, para que llegues a ser irreprensible delante de Dios.

Es muy fácil echarle la culpa a otro y pensar que tú no estarías mal si no fuera por esa otra persona. Lo difícil es reconocer que Dios ama muchísimo a esa persona, al igual que te ama a ti. Que Dios está haciendo un progreso en su vida, igual que lo hace contigo. Que todos hemos pecado. Que Jesús lo pagó por TODOS.

Si Dios ha perdonado a esa persona, no te creas más que Dios.

Si has dejado que la amargura encuentre un lugar en tu corazón donde poder echar raíces, deja que Dios se ocupe de eso. Humíllate delante del Señor, pide perdón, pide sabiduría y entendimiento, pídele que te llene de Su amor, incluso para tus enemigos. 

Dale gracias por todo lo que Él te ha dado, por Su amor que sobrepasa todo entendimiento, por su maravilloso perdón. Y sé sincero.

Confía en el Señor, es estupendo poder echar ese peso sobre Él.

Que el Señor te bendiga.





viernes, 23 de septiembre de 2011

TEORÍA Nº1: La conexión espiritual entre el cerebro y las drogas

Antes de comenzar, quiero aclarar que lo que escribo aquí, son mis ideas y que es posible que estén equivocadas. Si no estás de acuerdo con lo que escribo, pues tú mismo, puedes escribir un comentario abajo o puedes creer que le doy demasiadas vueltas a la cabeza. Sea como sea, sólo son teorías. 


TEORÍA Nº 1: La conexión espiritual entre el cerebro y las drogas




    




Creo que Dios creó al hombre perfecto. Al principio, cuando Dios creó a Adán, lo hizo con la utilización total de su cerebro (no es demostrable, por supuesto, pero tiene todo el sentido del mundo). Hoy en día, usamos como mucho un 10%, ¿por qué? ¿qué ha causado que el hombre disminuyera tantísimo el uso de su cerebro? Y otra pregunta interesantísima ¿qué podría hacer el hombre con el 100% de su cerebro activo?


Bueno, en mi opinión, creo que tiene mucho que ver con la percepción espiritual. Es posible que se pudieran comunicar con los animales (no nos olvidemos que hablaban con la serpiente. Ya sé que era Satanás, pero, a Eva no le asustó escucharla hablar). Y yendo un poco más allá, también creo en la posibilidad de que hubieran otro tipo de criaturas espirituales conviviendo con ellos en la tierra, de donde saldrían después todas las mitologías y cuentos fantásticos. Como ejemplo, podría citar la respuesta que Caín le dio a Dios cuando éste lo desterró al matar a su hermano, "sucederá que cualquiera que me hallare, me matará" (Gn. 4:14b). Y fue cuando Dios le marcó el rostro. ¿A quién tenía miedo Caín? También es importante recordar, que incluso los ángeles venían a echar un vistazo por la tierra (Gn. 6:2) y que la raza de los gigantes también existió (Gn. 6:4).


El punto es que, con la utilización del 100% del cerebro, el mundo espiritual era más vívido.


Ahora bien, si hoy en día tenemos su utilización restringida, obviamente se debe a que Dios nos cerró esa puerta, igual que cerró el jardín del Edén. La infección del pecado, trajo la muerte a las tres áreas de nuestra persona: cuerpo, alma (mente) y espíritu.


El problema, es que el hombre ha conseguido por medio de drogas, estimular ciertas partes del cerebro que estaban cerradas. Sabemos que muchas de esas drogas o medicamentos son beneficiosas para la salud, pero hay una gran cantidad que son totalmente dañinas, sobre todo las que todos conocemos, como: la cocaína, el LSD, las pastillas, o cualquier tipo de droga de diseño que haya salido nueva al mercado. 


Creo que el mandar estímulos eléctricos a ciertas partes de nuestro cerebro puede ser contraproducente. Es más, creo que pueden abrir puertas espirituales, que si Dios ha cerrado, desde luego, el que va a sacar mayor provecho, va a ser Satanás.


Siguiendo el hilo de deducción, enfermedades como la esquizofrenia causada por el consumo de estupefacientes, creo que tienen un trasfondo espiritual. Los esquizofrénicos viven como en una realidad paralela, donde ven y oyen cosas que el diablo puede utilizar para sus propios intereses. Son enfermedades que no tienen curación y que para contrarrestar sus efectos, deben permanecer medicándose toda la vida.


Resumiendo: las drogas abren puertas espirituales que Satanás aprovecha (ya que las abrimos voluntariamente) para atarnos. La única manera de solucionarlo, empezando por dejar de consumirlas, es que Dios obre un milagro y haga una sanidad completa: cuerpo, alma y espíritu.


"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertar a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos." (Lc. 4:18; Is.61:1)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Personas trinas

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, ESPIRITU, ALMA y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1Tes. 5:23)


Fuimos creados trinos, porque cuando Dios dijo "hagamos al hombre (y a la mujer) a nuestra imagen y semejanza", lógicamente no se refería a que seríamos clones suyos, sino que su misma esencia estaría en nosotros.


Nosotros los cristianos creemos en la trinidad (aunque esta palabra específicamente no aparezca en la Biblia). Juan en su primera carta dice: "Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno." (1Jn. 5:7)


En la primera carta a los corintios capítulo doce, cuando Pablo explica acerca de los dones espirituales, podemos ver con claridad cómo Dios al completo actúa en la vida del cristiano como un equipo bien entrenado. Cada uno tiene su función en nosotros para que nuestra vida tenga significado: identidad y destino.


Este es un tema bastante amplio y muy denso que me llevaría tiempo explicarlo como conviene, pero en lo que me quería centrar hoy es en las tres áreas en las que nos movemos diariamente y en sus necesidades.


Todos sabemos que nuestro cuerpo ocupa gran parte de nuestro tiempo. Tenemos necesidades físicas que son importantes no omitir, como cuando nos pide alimento, descanso o abrigo.


En el alma están incluídas nuestras necesidades emocionales e intelectuales. Y está demás decir que todos necesitamos cariño y estimular nuestro cerebro.


Estas dos partes las tenemos, por lo general, ubicadas correctamente. La que más nos cuesta ver, es nuestra parte espiritual y lo que debemos hacer con ella. Sin embargo, dejadme puntualizar, es la parte que permanecerá después que todo lo demás haya pasado.


Esta verdad es de lógica deductiva sencilla: las cosas eternas son las espirituales.

"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará." (1Co. 3:11-13) 


Esta escritura puede tener muchos matices interpretativos, pero siguiendo el camino marcado hasta aquí, enfatizar la importancia de que lo que construyamos en el espíritu, será de vital importancia para nuestro futuro eterno.


Sé que no es fácil tener un balance equilibrado en nuestra personalidad trina, pero lo que no debemos hacer en ningún caso, es dejar que nuestro lado espiritual se vea raquítico y sin fuerza, mientras perseguimos el "sentirnos realizados como persona", o cualquier otra de las excusas que utilicemos para apartarnos de lo que debería ser nuestro principal objetivo: llegar a la estatura de Cristo (Ef. 4:13).


Un ejemplo práctico es el ayuno. El ayuno no sirve para bajar unos cuantos kilos y de paso oras. El verdadero motivo del ayuno, es anular una de nuestras tres partes, la física, para que la espiritual coja más fuerza y nuestras oraciones estén mejor enfocadas.


En nuestra vida práctica, damos mucha importancia a las emociones y en demasiadas ocasiones dejamos que ellas sean las que nos gobiernen y tomen las decisiones. 


No quiero espiritualizarlos todo, porque sé que vivimos en este mundo y que incluso Jesús cuando oró, pidió que nos guardase del mal, pero que no nos quitase de aquí. Lo que digo es que debemos estar alertas y examinar cómo llevamos nuestro equilibrio interno. Desde luego, lo primero que tenemos que hacer es aprender a diferenciar las cosas espirituales, de las que no son y darles la prioridad que merecen.


Es posible vivir en el espíritu sin ser un religioso, pero que no te puedan los sentimientos si las cosas no salen como te gustarían, ninguno seremos perfecto hasta que Jesús regrese y nos transforme.







miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Aparente o verdadero?

“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos,… No me traigáis más vana ofrenda.” (Is. 1:11a,13a)

Dios está cansado de la hipocresía y de toda la apariencia del hombre. ¿Acaso el hombre cree que puede engañar a Dios? Él mira los corazones, ve en lo profundo. Si creemos que lo que nosotros escondemos, pasará inadvertido, somos los seres más miserables del mundo, porque nos engañamos a nosotros mismos.

Dios lleva buscando corazones dispuestos desde que tuvo la idea de crear al hombre. Personas verdaderas, honestas, que le busquen sinceramente. ¡Hay tantas promesas para aquellos que de verdad buscan a Dios con un corazón abierto!

Pero no nos hagamos falsas ideas, ser honesto con uno mismo no es fácil. Preferimos decirnos a nosotros mismos que “todo nos da igual”, para evitar sentirnos heridos, que reconocer que somos frágiles y nos pueden hacer daño.

El hombre tiene ese instinto de sobrevivencia, que a veces le hace más animal que humano. Se guía por impulsos, en lugar de ir y preguntar a Dios. Luego queremos arreglarlo haciendo las cosas correctas que hay que hacer para ser aceptado como un cristiano promedio, pero Dios vuelve a decir, igual que dijo a su pueblo de entonces: “¿Por qué queréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.” (Is. 1:5)

Debemos comenzar por admitir que necesitamos una sanidad completa y total. Que abarque nuestros sentimientos heridos, que traiga perdón y libertad. Y que solo puede hacerlo Dios.

Toma tiempo con Dios a solas. Si es necesario, ayuna, pero no lo dejes pasar. Dios valora un corazón sincero, por sobre otras cosas. Pídele que te ayude a ser verdadero, como Él quiere que seas, y que te muestre esas partes de tu vida que necesitan restauración.

Ese sería un buen comienzo.