"Te haré entender, te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos." (Sal. 32:8)

viernes, 21 de octubre de 2011

¿Esclavos o libres?

Ayer escuché una historia que ya había oído antes y me hizo recapacitar.

Bueno, más que una historia, es la explicación de cómo se doma a un elefante.

Cuando el elefante es pequeño, se le pone una cadena atada a la pata. El elefantito intenta escapar tirando de ella, pero no puede. Cuando llega a adulto, ya se ha dado por vencido, así que le quitan la cadena y simplemente lo atan con una cuerdita. Podría dar un tirón y salir corriendo cuando quisiera, pero en su cabeza algo le dice que es imposible. Se ha rendido, ya no lucha más.


                          



Recapacité sobre esto y vi que muchos cristianos vivimos así.

Una persona que ha aceptado a Cristo en su corazón, que le ha puesto como Señor en su vida, debe reconocer que hay un antes y un después de esa decisión. Si su manera de vivir sigue siendo la misma, entonces quiere decir que Dios no ha hecho ningún cambio, no ya porque no quiera hacerlo, sino porque seguramente, no se le ha permitido hacerlo.

Por otro lado, cada persona que se acerca a Dios, trae consigo un equipaje del que debe desprenderse: malos hábitos, conceptos erróneos, aspectos del carácter que no se corresponden con el corazón de Dios...  Hay mucho trabajo que hacer y el proceso dura toda la vida. Sin embargo, no debemos olvidar las bases fundamentales para llevar todo esto a cabo.

1- Dios nos ha cambiado de ubicación:

"El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo." (Co.1:13)

Ya no estamos bajo el poder de Satanás o de este mundo. Ahora formamos parte de la familia de Dios y de todo el paquete que eso conlleva: las promesas, la bendición, la victoria..., y un largo etcétera que viene incluido como consecuencia de nuestra fe.

No obstante, el diablo, al que la Escritura llama "padre de mentira", sigue intentando hacernos creer que seguimos atados, igual que el pequeño elefante. E igual que él, muchas veces estamos derrotados, antes incluso de comenzar la batalla.

Tenemos la capacidad, tenemos las herramientas, lo único que tiene que cambiar es nuestra mente, nuestra forma de pensar, y enfocarnos en lo que Dios dice al respecto.

2- Los milagros son cosa de Dios:

"Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fi.2:13)

Los cambios en nuestra vida es fruto de poner la fe en Cristo, de pasar tiempo con Dios a solas y desear de verdad agradarle con todo lo que somos.

El ser humano no fue creado para ser un robot y obedecer órdenes, sino que tiene voluntad propia y puede elegir libremente. Aún así, el desconocimiento nunca nos exime de las consecuencias. Puedes beberte un vaso de lejía pensando que es un zumo y el no haberlo sabido, no te va a librar de una úlcera (en el mejor de los casos). De igual modo, el elegir correctamente, puede salvarnos la vida y la eternidad.

Nuestra "tarea" simplemente consiste en poner la fe en el lugar adecuado, o mejor dicho, en la persona adecuada: Dios. El resto es cosa suya. Es la actitud de nuestro corazón la que determina hacia dónde queremos caminar, pero el Señor es quien nos coge de la mano y nos guía.

Dios llegará en tu vida, hasta donde tú quieras que llegue. No limites a Dios. No te quedes atado a algo porque crees que no puedes salir. Dios te ha hecho libre.

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