Esta última semana, el Señor me ha estado llevando a examinar más detenidamente lo que está escrito en la Biblia acerca de la gracia.
Ya sé que todos los que nos consideramos cristianos, tenemos un concepto más o menos enfocado hacia el significado general de la gracia de Dios, proyectándolo hacia el despliegue de amor, misericordia y perdón que el Señor tiene hacia la humanidad, sin ésta merecerlo. No obstante, me he visto intrigada a buscar un poco más profundamente y este es el resultado.
"Pero por la GRACIA de Dios soy lo que soy; y su GRACIA no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la GRACIA de Dios para conmigo." (1Co. 15:10)
Antes que nada, quiero hacer la observación de que la gracia no es algo humano, es algo divino, por lo menos la gracia de la que quiero hablar. Este tipo de gracia tiene mucho más que ver con un beneficio espiritual que Dios atribuye a sus hijos, que con un regalo de perdón y amor.
Hay unos cuantos versículos que me llaman mucho la atención.
" Y me ha dicho: bástate mi GRACIA; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." (2Co. 12:9)
"Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la GRACIA que es en Cristo Jesús." (2Ti. 2:1)
"Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la GRACIA de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados." (He. 12:15)
"Antes bien, creced en la GRACIA y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo." (2Pe. 3:18)
Todos estos versículos vienen a decir: la GRACIA es suficiente, esfuérzate, no dejes de alcanzarla y crece en ella.
Tal y como yo la entiendo, la gracia puede ser un nivel espiritual. Es decir, no que haya que ganársela o que por méritos propios podamos alcanzarla, pero sí algo parecido a lo que ocurre con la fe. Creo que es algo que debe desarrollarse.
Nosotros los cristianos hemos asumido que hay que crecer en la fe y que la gracia es el regalo inmerecido de salvación de parte de Dios. Sin embargo, yo opino que tanto la gracia como la fe, son estados espirituales en los que debemos vivir y ejercitar.
Vivir en el espíritu debe significar que tenemos que ser sensibles al mundo espiritual que nos rodea. Y como hijos de Dios, deberíamos llevar adheridos a nuestra identidad el poder de la fe y el poder de la gracia.
No sé si me estoy explicando bien, tal vez esto no sea para todos, pero voy a intentar hablar más claro.
Los cristianos, como hijos de Dios, tenemos el deber de ser agentes de cambio, personas que lleven el reino de Dios por donde vayamos y ser de bendición. Para que esto ocurra, nuestra relación con Dios debe estar bien fuerte y firme, y el estar en la presencia de Dios debe repercutir en nuestra vida, mostrando Su poder.
Bien, pues la fe es el poder para cambiar nuestro entorno según la voluntad de Dios y la gracia es el poder para transformar cualquier situación en bendición.
Nosotros debemos ser portadores de ese tipo de gracia y proyectarla hacia las personas, las circunstancias y a nuestro vivir diario.
En 1 Pedro 4:10 dice que somos administradores de la gracia. Es una responsabilidad. Es nuestro deber y privilegio. Es lo que Jesús decía al proclamar que el reino de Dios se ha acercado a los hombres.

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