Creo que en nuestra jerga evangélica, la palabra conciencia no se usa muy a menudo, tal vez porque se asocia al catolicismo. De hecho, creo que está en vías de extinción a un nivel incluso más general.
No hace tanto tiempo, la idea de la conciencia, se representaba por un angelito diminuto plantado en nuestro hombro, que nos indicaba qué era lo correcto para hacer. Eso quedó también bien explicado con Pepito Grillo en Pinocchio.
Sea o no una persona física, animal o espiritual, lo cierto es que hemos dejado de prestar atención a lo que nos dice esa voz interior. La sociedad actual, es una sociedad sin conciencia.
Hoy, leyendo 1ª de Timoteo, me llamaba la atención que Pablo diera énfasis en eso, repitiéndolo, creando un vínculo entre la buena conciencia, y el amor y la fe.
"Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería." 1ª Timoteo 1:5,6.
"Manteniendo la fe y la buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos". 1ª Timoteo 1:19
Para que el término conciencia no se nos quede ambiguo o abstracto, he buscado su significado en la RAE, para tener un conocimiento más global y específico:
1. f. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.
En base a estas definiciones y aplicándolo a lo leído en la Palabra, lo que Pablo estaba indicando a Timoteo es la necesidad de examinarse, de meditar en todo lo que hacemos, siendo honestos en nuestro amor y consecuentes en nuestra fe. Es más, dice que de no hacerlo, nos bloqueamos y nos desviamos.
Debo recalcar, que ese auto examen es un acto personal e introspectivo. La conciencia nunca señala fuera de uno mismo. Por este hecho, muchos han optado por silenciarla y apuntar con un dedo acusador a algún culpable externo para evitar la responsabilidad de sus propios actos.
Ahora bien, la pregunta que a este punto algunos se harán, es cómo saber entonces qué es lo correcto y qué no. Bueno, primero decir, que quien se haga tal pregunta, no está teniendo una relación personal con Dios. Hay cosas que van dirigidas sólo a los que son capaces de digerirlas:
"Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal." Hebreos 5:14
Hay que ejercitar los sentidos para saber distinguir el bien del mal. Naturalmente necesitamos un baremo sobre el que evaluarnos. Para los cristianos, ese metro por el que nos medimos es la Palabra de Dios, la Biblia. Si no conoces ni estudias la Biblia, tendrás un dios hecho a tu imagen y semejanza, una religión a la medida que tú establezcas, pero no será el Dios de las Escrituras.
Dios dice en su Palabra, que escribiría su ley en nuestra mente y en nuestros corazones. Que él mismo nos enseñaría. Que quien es hijo de Dios, es guiado por su Espíritu Santo. Que quien busca, halla. Quien pide, recibe y a quien llama, se le abrirá.
Si de verdad queremos hacer la voluntad de Dios, tenemos que pararnos y escuchar esa voz interior. Ser honestos con nosotros mismos y adecuarnos a la Palabra. En humildad.
Debemos volver a descubrir la buena conciencia.
"Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia." Salmos 16:7

No hay comentarios:
Publicar un comentario