Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, ESPIRITU, ALMA y CUERPO, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1Tes. 5:23)
Fuimos creados trinos, porque cuando Dios dijo "hagamos al hombre (y a la mujer) a nuestra imagen y semejanza", lógicamente no se refería a que seríamos clones suyos, sino que su misma esencia estaría en nosotros.
Nosotros los cristianos creemos en la trinidad (aunque esta palabra específicamente no aparezca en la Biblia). Juan en su primera carta dice: "Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno." (1Jn. 5:7)
En la primera carta a los corintios capítulo doce, cuando Pablo explica acerca de los dones espirituales, podemos ver con claridad cómo Dios al completo actúa en la vida del cristiano como un equipo bien entrenado. Cada uno tiene su función en nosotros para que nuestra vida tenga significado: identidad y destino.
Este es un tema bastante amplio y muy denso que me llevaría tiempo explicarlo como conviene, pero en lo que me quería centrar hoy es en las tres áreas en las que nos movemos diariamente y en sus necesidades.
Todos sabemos que nuestro cuerpo ocupa gran parte de nuestro tiempo. Tenemos necesidades físicas que son importantes no omitir, como cuando nos pide alimento, descanso o abrigo.
En el alma están incluídas nuestras necesidades emocionales e intelectuales. Y está demás decir que todos necesitamos cariño y estimular nuestro cerebro.
Estas dos partes las tenemos, por lo general, ubicadas correctamente. La que más nos cuesta ver, es nuestra parte espiritual y lo que debemos hacer con ella. Sin embargo, dejadme puntualizar, es la parte que permanecerá después que todo lo demás haya pasado.
Esta verdad es de lógica deductiva sencilla: las cosas eternas son las espirituales.
"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará." (1Co. 3:11-13)
Esta escritura puede tener muchos matices interpretativos, pero siguiendo el camino marcado hasta aquí, enfatizar la importancia de que lo que construyamos en el espíritu, será de vital importancia para nuestro futuro eterno.
Sé que no es fácil tener un balance equilibrado en nuestra personalidad trina, pero lo que no debemos hacer en ningún caso, es dejar que nuestro lado espiritual se vea raquítico y sin fuerza, mientras perseguimos el "sentirnos realizados como persona", o cualquier otra de las excusas que utilicemos para apartarnos de lo que debería ser nuestro principal objetivo: llegar a la estatura de Cristo (Ef. 4:13).
Un ejemplo práctico es el ayuno. El ayuno no sirve para bajar unos cuantos kilos y de paso oras. El verdadero motivo del ayuno, es anular una de nuestras tres partes, la física, para que la espiritual coja más fuerza y nuestras oraciones estén mejor enfocadas.
En nuestra vida práctica, damos mucha importancia a las emociones y en demasiadas ocasiones dejamos que ellas sean las que nos gobiernen y tomen las decisiones.
No quiero espiritualizarlos todo, porque sé que vivimos en este mundo y que incluso Jesús cuando oró, pidió que nos guardase del mal, pero que no nos quitase de aquí. Lo que digo es que debemos estar alertas y examinar cómo llevamos nuestro equilibrio interno. Desde luego, lo primero que tenemos que hacer es aprender a diferenciar las cosas espirituales, de las que no son y darles la prioridad que merecen.
Es posible vivir en el espíritu sin ser un religioso, pero que no te puedan los sentimientos si las cosas no salen como te gustarían, ninguno seremos perfecto hasta que Jesús regrese y nos transforme.

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